¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN POST VIAJE?

Dicen que partir, que dejarlo todo es difícil. Que cuesta porque uno sale hacia lo desconocido, hacia tierras lejanas donde no hablan tu idioma, hacia olores y tradiciones diferentes. Pero está comprobado que el ser humano es un ser de costumbre y tarde o temprano ese perfume del Tajín en una plaza de Marruecos, el valor del dinero en China o cómo comunicarse con una familia tibetana en Tagong no solo nos empezará a resultar familiar, sino que resultará divertido entender cómo vamos sorteando los obstáculos nuevos. Llega un momento donde el viajero dejó de lado ese miedo inicial, porque se dio cuenta que al partir era imposible tener todas las respuestas frente a miles de dudas.

Seguramente dejarás de estar en una isla flotante como esta de Perú…

Y la realidad te llevará a encontrarte otra vez con tu ciudad. Intentá ser curioso y viajero acá también.

¿Pero qué pasa cuando hay que volver? ¿Es verdad que existe la depresión o bajón post viaje?
La respuesta más breve sería decir que sí! Aunque no todos funcionamos de la misma manera. No es igual regresar a tu ciudad de un viaje de 4 meses por Europa por primera vez que volver después de 1 año recorriendo el mundo y ya haberlo hecho varias veces. Pero si ocurre un fenómeno, que más allá de la experiencia de cada uno, ocurre en mayor o en menor medida para todos.

Esa adrenalina por salir a hacer dedo en una ruta de Kiguistán…

…o que tu oficina sea un parque con budas no estarán más. Pero tranquilo, volver también está bueno!

Durante los viajes había adrenalina, había caminatas a lugares fantásticos, la capacidad de asombro estaba en cada instante, en cada paisaje que fotografiábamos, en el/la amante perfecto/a que conocimos en ese bus, en acampar en soledad, en probar una comida nueva… en definitiva eran un montón de estímulos nuevos cada día, cada minuto y TODO eso se pierde al regresar. O al menos eso creemos porque ahora estamos quietos en casa.
Entonces, ¿cómo se hace para combatir ese estado de ánimo? No hay una solución mágica, pero si algunas maneras que pueden hacer que el regreso no se tan duro, triste, doloroso o depresivo.
Algunos viajeros prefieren hacer una parada previa antes de regresar a su ciudad. Pongamos un ejemplo: hiciste un viaje de varios meses por Asia y en lugar de aterrizar directamente en Buenos Aires, elegís una vuelo con escala en Lima, Perú. El volver a hablar en español, sentir que estás en tu continente y entender todos los carteles que están por la calle es una breve pausa antes de abrir la puerta de casa, tirar la mochila en tu cuarto pensando en que todo se acabó. Y a decir verdad, acá es donde recién empieza el verdadero viaje. ¡El de tu interior!

Claro que no es fácil olvidar a ese muelle de la isla del sol en el lago Titicaca…

…ni olvidar lo que sentiste al llegar al desierto de Gobi en Mongolia. Pero intentá disfrutar todo lo vivido aún desde tu casa.

Tus familiares, amigos y conocidos, seguramente que estarán ansiosos por que le cuentes esas anécdotas tan divertidas que traés de África, de los safaris por la selva, de tus trekking por montañas nevadas o de ese paseo en bote por el río Mekong. Pero resulta que vos no tenés nada de ganas en verlos ni contárselo (todavía). Lo mejor es disfrutar primero de tu espacio, de tu soledad, no forzar la vuelta, ni la rutina. Disfrutá de tu casa, de tu espacio, de tu barrio y recién cuando te sientes mejor de ánimo ahí podrás comenzar a juntarte con cada uno por separado.

Atardeceres tremendos como los del desierto de la Tatacoa parecen de película. ¿Los grabaste? recordarlos viéndolos desde el sillón de tu living es volver a viajar.

Durante el tiempo que estabas viajando seguro que decías cosas como: cuando vuela a mi casa voy a ir más al cine, voy a leer esos libros que postergué por tener que estudiar o trabajar mucho, voy a hacer más deporte, voy a… entonces date esos gustos y aprovechá el tiempo para descansar, para conectarte con todo que te gustaría haber hecho y todavía no lo hiciste.
Es increíble como un viaje nos puede cambiar! Estando fuera de nuestra casa nos damos cuenta que había cosas que no nos gustaban hacer. Entonces, cuando volvemos no las sigamos haciendo. Nadie nos obliga a tener que hace siempre lo mismo. ¡Animate a renovarte! Dicen que viajar es evolucionar y están en lo cierto. Viajar fuera de tu ciudad y tan lejos te cambió. Aceptalo y no pretendas volver a ser el mismo. No tiene sentido.
Si te sentís perdido, desorientado y no sabés si seguir con ese trabajo o esa relación no lo fuerces, dejá que el tiempo asimile las cosas y cuando hayan pasado algunas semanas seguro que verás todo con mayor claridad.

Tal vez aprendiste a hacer un deporte nuevo mientras viajabas. ¿Y si aprendés algo nuevo ahora que estás de regreso?

Otra cosa que está bueno es ir en busca de nuevos amigos viajeros que hayan pasado por algo similar, gente que haya hecho viajes largos y te pueden entender. Gente con quien podes compartir los mismos códigos. Entonces entenderás que volver y sentirse extraño es algo normal y que le pasó a todo el mundo.
Ocupar el tiempo en cosas productivas o creativas ayuda a mantenernos activos y de esa manera evitamos pensar todo el tiempo en lo increíble que fue el viaje y que ahora se terminó. Empezá a dibujar, tocar el piano, escribir, pintar, etc.

Traé algo que te haga recordar lo lindo que estuvo ese viaje por Tíbert por ejemplo, y colgalo donde lo puedas ver.

Todos somos diferentes y ese proceso de regreso varía según el viajero. Dicen que el cuerpo regresa antes que las emociones. Dale tiempo a que todo se acomode. Tal vez te lleve 3 días, 3 semanas o 3 meses sentirte bien del todo con vos mismo. Respetá esos tiempos y no te apures a querer estar bien.
Seguramente cuando hagas otro viaje largo el regreso no será el mismo porque de alguna manera sabrás de que se trata.

Tal vez lo que más extrañes sean los encuentros con la gente. Intentá hacer nuevos amigos en tu propia ciudad.

Fuente: https://unviajerocurioso.com/2016/07/25/que-es-la-depresion-post-viaje/

Jaziel Carballo

Hola! Soy administrador de Mochileros en Yucatán, Ingeniero en sistemas de profesión, fotógrafo aficionado, me gusta observar, plasmar y redactar lo que veo.

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